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Alfarerías y alfareros  
                                                                                                                                                                              
   
                                        Rafael F. Peinado  
                                
 
Sí, mi padre fue alfarero en su juventud. "La tejera", lugar donde estaba la alfarería, estaba algo retirado del pueblo, 4-5 kilómetros. Cuando íbamos, era un día de excursión. El cortijo era típico de las tierras de Andalucía. Todo de planta baja y al lado otras casa que era donde estaba el torno y el resto del equipamiento. Fuera, un gran pilón o balsa, donde mi abuelo y mis tios preparaban el barro. La casa estaba rodeada de olivos y algunos árboles frutales. En La tejera, se hacían cántaros, macetas, botijos y, lógicamente, tejas para la construcción de casas. Antes de que terminara su juventud, mi padre dejó el trabajo., siguiéndolo un poco más de tiempo, mi abuelo y mis tios. Mi padre fue un gran conocedor de la alfarería, tanto que cuando le regalaba alguna pieza de alfarería comprada en algún viaje, sabía decirnos de que zona era. De estos recuerdos, quizás, me venga mi la afición por "los cacharros", que como digo más adelante, no conseguí ponerle una asa a la fuente que hicimos con Juan Mañas, razón por la que mis visitas fueron más a menudo.
En Sorbas, ya solo queda una alfarería de las treinta y pico que hubo a principios del siglo XX. Una lástima. Otro oficio que se va perdiendo, aunque confío en que haya próximas generaciones de alfareros.

 
     
     

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Un poco de historia
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Recipiente del Neolítico

  En el periodo del Neolítico, surgió un invento extraordinariamente importante como fue el hecho de moldear el barro,  naciendo así el arte de la alfarería.  El hombre aprendió la construcción de recipientes para líquidos. Esto hizo  que ya no fuera preciso que los asentamientos estuvieran tan  cerca del agua, o realizar a menudo largos recorridos para abastecerse, pues en estos recipientes almacenaba el agua, también granos, semillas, productos molidos...  Por otro lado, las vasijas permitieron hacer viajes más largos con provisiones de comida y bebida.

En esta época se difunde el uso de las piezas de alfarería, cuya utilización en la Península Ibérica tenemos indicios de su existencia con restos del Neolítico medio. En cuanto a la palabra “Alfar” proviene del termino árabe “ALFAHAR” que significa “Barro”.-  En España durante el Neolítico, nace la Cerámica Campaniforme (2000-1500 a.C.) y se exporta a toda Europa.-  A continuación vino el periodo cerámico romano y posteriormente el periodo árabe

 

Recipiente del Neolítico

 
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Como no podía ser de otra forma, habiendo sido mi padre "alfarero", y a mi gustarme la fotografía y la alfarería, que menos podía hacer que un reportaje a un alfarero de Sorbas,

José García Alpáñez., que puso todo su empeño, y lo consiguió, en que las fotos salieran bien. Desde aquí, le doy las gracias, ya que "el cacharro" que hizo, y que podemos ver

más adelante, lo hizo exclusivamente para el reportaje. De nuevo, gracias José.

 

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Nos remontamos al año 1.752 donde la historia nos comunica que en Sorbas, había siete Maestros de Alfarero, "los cuales trabajan solos sin oficiales ni aprendices". Antonio Gil Albarracín nos señala que eran: Diego Guerrero, Sebastián Guerrero, Juan de Mañas, Tomás de Mañas, Nicolás de Peralta, Bernardo Requena y Juan Requena, Maestros de Alfaxarero. En el siglo XIX, el botánico valenciano Simón de Rojas Clemente y Rubio (1777 - 1827), conocido como el "sabio moro", escribe:

"En Sorbas es una de las cosas más notables las fábricas de vidriado para ollas, cazuelas y otras vasijas de fuego... "

 

 
         
 

 

Podemos decir que, Sorbas que tuvo más de veinticuatro alfarerías, era a mediados del siglo XIX " el principal centro alfarero de Almería, seguido por Almería capital, Cuevas del Almanzora, Vera, Níjar y Albox"... aunque había muchas más en nuestra provincia. En los Censos de Sorbas, de 1908 y 1913, los nombres de alfareros que aparecen son:

Juan Cintas, Jerónimo Ayala, Juan Pedro Lario, Francisco Lario, Juan Lario , Pedro Mañas, Juan Mañas, José Martínez, Benito Requena Cayuela, Benito Requena Dominguez, Francisco Sebastian Requena, Antonio Requena García, Benito, Juan y Miguel Requena Mañas, Juan Requena Romera, Benito y José Requena Sese ,

Diego y Juan Sánchez Soler y José Mañas Pérez

 

 
     
 

 

 
     
 

 
     
         
  En el oficio se reparten distintas

zonas como son:

Lugar de modelado

El torno

La sobadera  y

El barrero

En algunos tornos hemos visto también el estribo, para colocar el pié. Aquí, quizás por la altura del asiento, no era preciso.

 
   

 

   
 

Galletera : antiguamente el barro se preparaba con la fuerza del hombre para que el barro estuviera en las mejores condiciones para su moldeo. 

Se sustituyó por esta máquina, llamada galletera.

 

Mufla: horno de ladrillos refractarios que reparte el calor de forma uniforme.

 
         
    En el exterior del oficio, estaban las otras edificaciones para tratar el barro:

El pilón: recipiente redondo para evitar las esquinas y situado algo más alto que la balsa.

La balsa: junto al pilón, con un agujero para evitar el estancamiento del agua procedente de la decantación del barro.

El horno: en nuestras alfarerías los podemos ver de diferentes formas y para emplearlos con diferentes técnicas: eléctricos, de leña, de gasoil  y la mufla.

El barrero: lugar para almacenar el barro tratado.

 
  Exterior e interior del horno, llenándolo de canaleras      
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    De los avatares de aquel tiempo, nos contaba nuestro amigo Juan Mañas García, alfarero, lo que suponía "ir a por la tierra". Afortunadamente, Sorbas es rica en tierras para el uso en la alfarería, de todas formas, los alfareros, tenían que pedir permiso a los dueños de esas tierras, para trasladarla a sus talleres. Acompañados de mulos, y a pico y pala, los cargaban hasta sus oficios.

Luego había que limpiarla de piedras y otros restos de materiales no apropiados para trabajar esa tierra.

Obtenían tierra roja, en Sorbas la denominamos "rubial" , para cacharros refractarios como las ollas y de tierra más blanca procedente de la "Cañá de Siscar" y de "El Zocá" para orzas, lebrillos, macetas, etc.

Con esta tierra limpia, se conseguía la pasta. Esta faena se realizaba en el pilón lleno de agua y mezclada con la tierra se hacía la correspondiente mezcla a mano, lo que conllevaba un trabajo exhaustivo, hasta conseguir la pasta adecuada. Luego vendría el resto del trabajo, como el sobado y el darle forma a cada pieza.

 
  Horno de estilo árabe del siglo XVIII      
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El ajuarico

 

El gallo

     
 

Agradecemos, muy sinceramente, a José García Alpáñez, alfarero, y familiares ( Taller de Cerámica y Alfarería Juan Simón )

 
             
       
       
       
       
       
       
       
       
       
       
             
   

    Isabel Contreras

         
 

No sé que extraño poder ejercen  sobre mí los cacharros de barro, pues si voy a Sorbas y no bajo a las Alfarerías me voy con la sensación de que algo muy importante he dejado de hacer. Quizás recuerde que mi madre los jueves cuando iba al mercado siempre bajaba a comprar algún puchero o lebrillo que descuidadamente alguien había roto unos días antes.

Y sin poder resistirse a la tentación que ejercían el brillo y esos  típicos colores verdosos y azulados siempre terminaba comprando algún tazón o alguna fuente para el gazpacho. También recuerdo que de pequeña  me iba largas temporadas con  la tía Cruz, era una mujer pequeñita siempre vestía de luto, sus faldas eran por los tobillos y usaba faltriquera, murió muy mayor pero su recuerdo estará aún durante varias generaciones pues fue una gran mujer, era prudente y generosa y poseía un gran carisma.

 
         
         
 

 

La tía Cruz vivía en las Alfarerías, justo detrás de la iglesia de San Roquillo. Cuando  me levantaba y salía a jugar, veía el gran espectáculo que cada mañana me ofrecían las calles de este típico y entrañable barrio sembrado por cientos de macetas, cantaros, pucheros, tejas y un sinfín de objetos  puestos sobre el suelo uno a uno y ordenadamente en filas interminables para  que secaran  al sol antes de meterlos  en los hornos para cocer. Eran de un color tierra rosada, y yo con esa edad, 8 años, no entendía muy bien el porque de esa metamorfosis, ¿como una taza que entra al horno color barro y secada al sol, sale brillante y con esos colores que me maravillaban?. Pienso que quizás, por estos pequeños detalles esté mi irresistible atracción por este lugar.

 
         
       
         
  Y gracias a nuestro buen amigo Juan Mañas García,

(  Cerámica J. Mañas  )

por lo mucho que hemos aprendido de la alfarería y de su historia en Sorbas.

Juan, que nos enseñó a poner las asas a los cacharros y ... no lo conseguimos.

Juan, otra vez será, pero ... GRACIAS.

 
  Rafael F. Peinado, co-autor de esta web, con Juan Mañas.   Canaleras  
         
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Bibliografía: Revista el Afa, Nº 10, Especial Alfarería de Sorbas

 
     
                                         Pedro Soler, escritor, ceramista, alfarero, pintor...amigo, en la Revista El Afa, nº 10,  escribía sobre las alfarerías...  
 

  

"Algunas mañanas de invierno, el pueblo despertaba con un olor dulce de leña quemada y barro cocido. Por el lado de levante, ascendían una o varias columnas de humo espeso y negro, nadie se extrañaba de ello, excepto si hacía aire y venía del este. Entonces, las briznas del fuego que ascendían con el humo, terminaban cayendo por las calles y casas. Las mujeres recogían la ropa tendida, los pañuelos de la cabeza se quitaban para sacarles el hollín, y la gente andaba sacudiéndose la ropa. Los niños corríamos a los poyos, para ver como el humo subía desde los hornos y se difuminaba en el aire empujado por el viento. En aquel tiempo, tres o cuatro hornos árabes de leña estaban activos. Aunque escuché decir qué, años antes, hasta nueve oficios de alfarería funcionaban con regularidad."

   Y nosotros nos preguntamos, ¿se habrá perdido, para siempre, esta vivencia?, ¿desaparecerá este verdadero tesoro de nuestro pueblo?, ¿podrán nuestros hijos o nietos, hacer otro reportaje fotográfico como el que yo hice?... Sería muy triste recibir como respuesta a estas preguntas un no.  Más de doscientos años de historia, tirados a la basura del olvido, más de doscientos años, de una de las artesanías más antiguas, relegadas a recuerdos del pasado, más de doscientos años... para dejarlos plasmados en unas libros o en una web, para conocimiento de generaciones venideras, no puede ser una solución viable ni aceptada, seguramente, por una gran mayoría de sorbeños. Luchemos, dentro de nuestras posibilidades, porque éste arte no se pierda de nuestras vidas.

Una herencia real y viva, ahora que ya soy abuelo, sería mi mejor deseo para mis nietos y los nietos de mis nietos.          ¡ Ojalá sea verdad ¡.

 

 
   
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                Fotografías: Rafael F. Peinado 

                                                                                                                                                                                                                                                                             

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