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Últimas notas de un viejo poeta          Rafael Sorroche

Estoy viejo, solo y enfermo. Estoy ermitaño con mi soledad. En mi hogar las llamas centellean. Una ráfaga de brisa abre la ventana, mi blanca barba se bate con el viento. Empiezo a escribir mis últimos días en un sucio papel, con un corto lapicero. Un piano de fondo sonando hace vibrar mi son interior. Mi mano asía el lapicero, mis mejillas enrojecen. ¿Cómo sabe mi mano lo que tiene que escribir? Escribo:

Primer día de mi yerma soledad;

Nadie ha estado nunca aquí, estoy solo.

¿Quién soy, soy el que va a morir?

¿Pero, porque me lamento, si quiero vivir?

¡Adiós! ¡No! ¡No puedo decir adiós!

        Sé que estás ahí ¿Eres tú mi vida?

        Me despierto sobre el lecho de madera, la botella como almohada. Mis sucias y garabateadas hojas, cayeron de mi mano cansada. Todavía embriagado de fruición, vuelven a mi mente fragmentos. A lo lejos el sonido del rio toca otra vez mi son, como la flauta de pescador. Escribo:

Segundo día de mi destierro en soledad;

Eres tú, la que me cuida con tu rostro quemado bajo el sol.

Eres tú, con tu piel resquebrajada y llagas en las manos la que me apacigua.

Eres tú, con tu mano la que me balancea con sorda paciencia.

Eres tú, con tus gotas de vida la que vuelve a resurgir en mi interior.

Eres tú, la que se sienta con lienzo en mano para protegerme de la tarde abrasadora.

        ¡Oh, Santo Dios! Si me buscas me encontrarás, si vienes enseguida estaré preparado, sin ceremonias, ni renunciaciones, sin ascetismo. Estoy en mi morada ¡Mírame! Estoy junto a ti. Mi aliento vuelve a respirar el alcohol de la noche pasada. Escribo:

Tercer día de mi retiro en soledad;

La frugal enseñanza de la vida cierra su puerta y me deja solo.

La noche clara ya no me llega, el viento susurra entre los árboles.

Suena una música en mi interior, con un son acompasado.

Los elementos vuelven, vuelven de la nada.

Ahora me doy cuenta… ¿Estoy muerto?

        ¿Soy un poeta? ¿Escribo con renglones torcidos? ¿Qué me pasa? Tal vez tendría que haber sido maestro de pintura… No puedo ocultar mis antiguos hábitos. Otra vez la botella, esta vez sobre mi mano. Quiero que la gente conozca mis últimos pensamientos, el alcohol los hace fluir. Escribo:

Cuarto día de mí despoblada soledad;

 Mi cuerpo desnudo lo atraviesa como un tajo tu ráfaga de viento, mis sentidos aúllan ¿Es dolor lo que tengo?

Nunca me hubiera lamentado de perder la vida ¿Es el mejor día para dejar el mundo?

Estoy vencido como las gotas de rocío al salir el sol ¿Me sublimo?

¡Oh expiración, bendito hacedor que vienes en mi ayuda!

        Se me extingue la vida, este poeta os deja. Gradualmente la luz se hace visible. Vuelve a mí la vida pasada, vuelve el olor al perfume de los lotos, vuelve los vientos nocturnos, vuelve el aroma del lago, vuelve la luna otra vez. No tengo fuerzas para seguir. La luna se pone. Un sucio papel en el suelo con mis últimas reflexiones, junto a un corto lapicero sin punta.

Oscuridad, quietud, silencio, inmovilidad.

 
  Rafael Sorroche - Uleila del Campo -  La Mela  
     
     
     
 

DEDICADO A TODAS LAS MADRES   Rafael Sorroche

Fui tu desmayo al nacer, fui tu brote querido, tu narcótico de vida. Me distes la vida como un requiebro, como un camino donde la polvareda ahoga a sus caminantes. Cuando sueño te veo como una barca sin timón, que navega sobre aguas sosegadas y cristalinas, donde la quilla de tu barca son tus labios ávidos y convulsos que chocan como una sacudida en mi cara.  Tu faz ahonda surcos como un fastuoso prado en el corazón de este sutil hijo.   Ya no te alisas las arrugas de la cara, cuando acaricio tus manos, queridas y placidas, No te hace falta, mi amor, pues tu beldad es mi legado. 

Y como decirte que te amo.

          Y como decirte, que eres mi amor prohibido.

          Y como decirte que eres el cortejo de mi vida.

            Y como amar el bisel dominante de tus cejas.

           Y como amar el doblez ingobernable de tu fina boca.

         Y como amar el garbo innegable de tus gestos.

         Y  como beber de tus aguas sosegadas y cristalinas.

            Y como beber de tus labios ávidos y convulsos.

            Y como beber de tus palabras, como algo perfecto y distante.

           Y como acariciar las arrugas de tu cara.

            Y como acariciar tus manos queridas y placidas.

            Y como acariciar tu rostro, mi amor.   

     Y como quererte y abrazarte.

 Y como quererte si amarte.

 Y como quererte si tenerte.

 
  Rafael Sorroche - Uleila del Campo - La Mela  
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