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"El pueblo"      por  Pedro Soler Valero

   Vivo  en un pueblo pequeño, luminoso y cercano al mar. En su mayoría lo habita gente sencilla y honorable, aunque como en casi todos los pueblos, éste goza de su cátedra habitual; personas que alardean de unos conocimientos que no tienen, razonamientos que menoscaban la razón y de unas luces que la naturaleza les negó. Nací en él hace setenta y ocho años, apenas concluida la guerra civil, que nos dejó dogmas que creíamos indestructibles; la intolerancia política y social, el integrismo religioso y un nacionalismo de verbena. De esa herencia algo queda aún. Sobre todo en lo político y religioso, pero ya es más testimonio que realidad. De aquellos tiempos, los de mi edad heredamos un estigma que nos ha acompañado toda la vida; el pecado, las maldiciones divinas, infelicidad y desgracias que nos acontecerían fuera de la verdad absoluta de dogmas y preceptos, tanto religiosos como políticos.

    Siendo aún muy joven me fui del pueblo. Conocí otros lugares, otros países y otras gentes. Comprobé, no sin curiosidad, que en esos lugares existían personas que, con otras ideas y otras costumbres, contrarias incluso a las que me habían enseñado, vivían mejor y eran más felices que las que hasta entonces conocía. Sufrí con ellos los fracasos y las desgracias inherentes con la vida, pero comprobé que, otras formas de vivir y de pensar, no llevaban de por si al odio ni al enfrentamiento, todo lo contrario. Y que toda exageración religiosa es más propensa a la esclavitud que a la libertad, bien único e indiscutible que adopté como norma de vida.

    Cuarenta y cinco años después regresé a mi pequeño pueblo luminoso y cercano al mar. En él vivo con el propósito de que mis días concluyan donde tuvieron la primera luz. He comprobado con alegría, que ya no rigen las severas normas religiosas, morales y políticas de entonces. La juventud es más libre que lo fue la mía y las personas eligen libremente quién ha de gobernarlas. Aún así, aún quedan rescoldos de un pasado triste y cubierto de caspa. Personas que añoran aquel régimen abyecto y criminal, que llevó a éste país a las sombras y lo privó de libertad. Veo también con tristeza, que muchas de estas personas son hijos de quien se vieron perseguidos y castigados por ser libres, o tuvieron que emigrar a lejanos países a buscar el pan que en su patria no tenían. Es cierto que esas actitudes son fruto de la ignorancia y del oscurantismo político y social que desconocen. De no ser así, es una patología para la que yo desconozco el remedio.

   Se mire por donde se quiera, entre éste pueblo y el que yo dejé, existe un abismo que espero que se haga cada vez más profundo e insalvable.

                                                      Pedro Soler Valero 2020

 

 

 
     
     
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