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  Rafael F. Peinado, pertenece al Consejo de redacción de la Revista El Afa, habiendo publicado variso artículos, generalmente
sobre la flora y naturaleza sorbeña. Ha colaborado con artículos en las revistas; "La rebotica" del Colegio Oficial de Farmacéuticos, IASO del Colegio Oficial de Enfermería y en la revista Alcer-Almería. Fotógrafo aficionado y sorbeño de corazón.

  
 
     
     
 
Historia de "El melero"   por Rafael F. Peinado

 

Hace años,  cuando aún usábamos las cámaras fotográficas analógicas, mi costumbre-pasión que aún perdura, es pasearme por el campo, en busca de la flora silvestre de nuestra zona o de aquellos animales que me iban encontrando. Cuando regresaba a mi casa era habitual encontrarme con mi amigo Indalecio García que me preguntaba: "¿has ido a la cueva del caballo?. No, respondía, sin hacer mucho caso a la pregunta. Tanto insistió que un día le pregunté: ¿Donde està esa cueva?, ¿que hay alli?. Su respuesta me dejó muy pensativo: "Hay pintado un caballo". Mi primer pensamiento fue "¿quién ha pintado un caballo?": los niños, algún pintor frustrado?, ¿un gamberro haciendo grafitis?. Una vez que le pedí que me dijera donde estaba, una mañana con mi cámara de fotos al hombro, me dirigí hacia la cueva, con muy buena información de su ubicación. No tuve que andar mucho rato, cuando a lo lejos ví el árbol grande, que, más o menos, indicaba el lugar de la cueva. No era una cueva, ni era obra de un grafitero. Era y es, ¡¡¡ un abrigo con pinturas rupestres ¡¡¡. Me quedé inmóvil, boquiabierto, sorprendido... pasmado. Después de sentarme y de mirara y admirar las pinturas, de pensar, de recorrer con el pensamiento lo poco que sé de la prehistoria, del patrimonio de los pueblos en toda la extensión del significado de "patrimonio",  comencé a fotografiar las pinturas que veía: el caballo, "el peine", los "rombos"... Cuando volví a La Mela, le conté todo lo que me había pasado a mi cuñado Juan Contreras: Sí - me respondió - son pinturas rupestres, y muy pocos libros escriben sobre ellas".

Pasados otros años, comenzamos en La Mela a confeccionar lo que después fue la Asociación Cultural "La Solana" allá por el año 1989, de la que comento su pequeña historia, en nuestra Revista "El Afa", número 37.
Entre los proyectos o tareas que nos imponemos es la de tener un logotipo. Conociendo mis amigos mi afición al dibujo, me encargan dicha tarea. Pienso en "las alfarerias" pero es un tema más de Sorbas, ¿la miel, que es de La Mela?, ¿un dibujo del cerro de La Cruz?... NO ¡¡¡ será una de las pinturas rupestres ¡¡¡.

Salí por la mañana algo temprano camino de "las pinturas", poniendo en mi mochila algo más que mi cámara de fotos: lápiz, papel, goma de borrar, regla y todos mis "sueños". Me senté ante las pinturas para elegir aquella que resultara más simple para plasmarla en un logotipo. No pasó mucho tiempo cuando decidí cuál iba a ser y que, de algún modo o fantasía, se pareciera al nuestro "Indalo". Sí, fue la que ves en la fotografía: "el melero". Saqué el papel, lápiz y la regla y me puse manos a la obra, tomando las medidas correspondientes y los ángulos de los diversoso trazos, que aquel pintor hizo en aquel tiempo. Una vez terminado, lo miré y me pregunté: ¿que pudo pintar aquel pintor prehistórico?: ¿un signo importante en su tiempo?, ¿un hombre, sin más?... lo primero que ví fue "un arquero fálico corriendo". Cuando comenté el significado al resto del equipo de la Asociación, unos me dieron la razón, otros alabaron mi imaginación, otros no dijeron nada. En lo único que estuvimos de acuerdo fue que sería "el melero".

Del logotipo de la Asociación,  pasamos a confeccionar pegatinas para los coches y, lo más importante, estábamos haciendo la seña de identidad de La Mela, el DNI de los meleros, sin ser conscientes en aquel momento de ello. Cuando pasó el tiempo y vemos el logo pegado en los coches, decimos-gritamos: "eh ¡, un coche de La Mela".




De este acontecimiento, han pasado ya 31 años y ahora, los adolescentes hacen excursiones al "Abrigo de La Mela" a ver "el melero", pero ¿saben que historia tiene detrás?.

Hce unos años escribí:
 
 "  En un lugar perteneciente a la barriada de La Mela, existe un "abrigo" que guarda uno de los más bellos patrimonios culturales de nuestro municipio: las pinturas rupestres (rupes = roca). Siendo conocidas, desde tiempos que se pierden en la memoria, comienzan a recuperar la categoría que les corresponden, cuando se forma, en La Mela, la Asociación Cultural "La Solana", que elige como logotipo, una de "las pinturas" que se pueden ver en dicho abrigo y que tuve el honor y la dicha de diseñarlo, "copiando" de los muros del abrigo, una de ellas y que se ha convertido en la seña de identidad de La Mela.

Las pinturas, están catalogadas como de "origen levantino". Este arte se desarrolló en la parte Oriental de la Península Ibérica, desde Lleida hasta Almería, aunque posteriormente, se han encontrado pinturas de este estilo en Huesca, en Teruel y en Cuenca.

Respecto a ellas, se plantea el problema de su cronología, donde unos las consideran del Paleolítico, otros de Epipaleolítico y algunos del Neolítico. Parece que estudios más recientes, se les atribuye, finalmente, de origen epipaleolítico, con una antigüedad, aproximada , de unos 30.000 años, época de la última glaciación.

Rafael F. Peinado  -  Julio 2020

 

El hombre y la montaña  Rafael F. Peinado

 

Es "pelirrojo", de mediana estatura. Todo le iba bien en el pueblo, hasta que decidió contraer matrimonio. Al poco, fueron padres
de un niño y el trabajo en la albañilería, no iba todo lo bien que él hubiera preferido. Pasados unos meses, como otros
muchos, decidió emigrar a otro pais, donde "todo" era de color rosa. Pasaron muchos años, más de quince, cuando regresó
a su hogar, con el dinero que había podido ahorrar. Entonces pudo conocer a su hijo de quince años que no había visto
desde que lo dejó, con pocos meses de edad. Fué entonces, cuando pude hablar con él, del trabajo, de la vida, de los hijos...

"Mi trabajo fué en las montañas, de pastor. No pude encontrar nada mejor. De mi horario de trabajo, te puedo decir que no tenía horario,
quiero decir que siempre era trabajo, porque continuamente estábamos junto al ganado. Dormíamos en una tienda de campaña
que montábamosy desmontábamos, prácticamente todos los días, dependiendo de que hubiera más o menos pastos.
De sol a luna y de luna a sol. Lo hacíamos a caballo y armados de escopeta, por lo que pudiera surgir, ya que los animales
salvajes, abundaban por aquellos sitios. Eso sí, una vez al mes, nos dejaban bajar al pueblo más próximo a pasar el día.
Ya sabes, comíamos bien, bebíamos y algunos hasta alquilaban una habitación para "dormir en una cama, como está mandao".
Al día siguiente, otra vez a la montaña, a seguir con la tarea. Fué muy duro, como te puedes imaginar. Eso sí, casi toda la paga, la podía
ahorrar mes a mes"
.


Volvió de aquella aventura, compró algunas tierras y plantó de todo aquello que el clima y la tierra
le permitía. Vendía algo, pero regalaba mucho, a sus vecinos, familiares, amigos. Pasó de ser "el hombre de la montaña" al
"hombre de los llanos". Arregló su casa pero mantuvo su viejo coche en funcionamiento; "total, para lo que viajo ahora...".
En todas nuestras conversaciones, lo que nunca le pregunté, ni le preguntaré es si era feliz.
Aventurándome en mi predicción y oyéndole hablar, creo que sí. El pelirrojo, continúa su vida tranquila: su esposa,
su casa, sus tierras y su hijo, que los visita todas las semanas. Ahora, cuando mira para arriba, es para averiguar si va a llover o no.
Cuando mira para arriba, es para dar gracias por todo lo que tiene y que pudo no tener.
Cuando mira para arriba es para ver si los almendros, los olivos y los frutales van a tener buena cosecha.
Cuando mira para arriba es para recordar la montaña.

Quizás piense igual que yo: "no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita". 
Ahora, duerme en cama todas las noches y va al pueblo cuando quiere. 
Ahora, "el pelirrojo", es feliz.

Rafael F. Peinado  Agosto 2020

 

La luna y el fotógrafo  Rafael F. Peinado


"Me gusta pensar que la luna está ahí, incluso cuando no estoy mirando."  Albert Einstein.

¿Cuantas publicaciones, poemas, frases...sobre la luna habremos leído?: "El influjo de la luna", "La luna de los enamorados",
"El hombre lobo y la luna llena", "La luna y las mareas"... Yo quisiera hablar sobre la luna y la fotografía, mi mayor afición.


Cuando llevas un tiempo sumergido en el mundo de la fotografía, te vas marcando retos fotográficos, intentando emular a algunos fotógrafos de naturaleza, sobre todo a los que se dedican a la fotografía nocturna. Miramos al cielo, a las informaciones sobre cuando habrá luna llena, quedamos con los amigos y preparamos la excursión al lugar que hemos elegido para conseguir esa instantánea que, por lo general, dejará asombrados al resto del mundo.
Nuestro sitio preferido es el mar, por ello nos dirigimos el día señalado a nuestro arrecife. Uno se instaló  sobre las rocas de la izquierda, otro se fué, a la derecha y más arriba, yo me quedé en el sitio de siempre, frente a la roca.
Es verdad. Ahora si estoy influenciado por la luz de la luna. El ambiente es el propicio para hacer fotografías: silencio casi absoluto, roto por el susurro de unas olas, que son solo unas ondulaciones del agua;
una ligera brisa y una luz blanquecina que nos invade por todos los lados, haciendo casi  imperceptibles nuestras
sombras. Mientras espero la colocación de la luz en el sitio más adecuado, mis pensamientos me llevan hacia ella, tan lejos y

tan cercana, compañera de la noche y del fotógrafo. "El extraño influjo de la luna", digo susurrando. Compruebo el trabajo hecho; subo los ISO; recoloco el trípode; enfoco de nuevo ayudado de una linterna; encuadro; disparo con unos segundos
de exposición, suficientemente largo para captar el agua sedosa y muy corto para el transcurrir de la
luna hacia su punto de ocaso, desde el cual, más tarde dará la bienvenida al astro rey. Mientras, Isabel, sentada entre rocas, memorizará esta experiencia, para luego escribirla, pensamientos entre tierra, mar y luna: "y yo aquí a la luz de luna esperando saludar a las sirenas...". Más arriba, un grupo de jóvenes, al son de una guitarra, dejan pasar las horas, arropados por la tenue luz de la luna. El tiempo parece que se ha parado, si no fuera porque, allá a lo lejos, las luces de la ciudad, como si
se tratara de un faro, nos recuerda el bullicio en sus calles.
Vuelvo a comprobar mi trabajo. Antes tenías que esperar un par de días para comprobar el resultado de tus fotografías.
Hoy es casi instantáneo. Hablo del carrete, el revelado, la impresión de tus imágenes.
¡ La fotografía y la luna ¡.
Son las tres de la madrugada, cuando salimos de éste hechizo. Recogemos los instrumentos con los que hemos realizado el cuadro
: lienzo-pantalla de la cámara; pinceles-nuestras manos; ilusión-cumplida, cuadro-nuestra foto. 
 Miramos al horizonte, una vez más y nos despedimos: luna, hasta mañana,
hasta siempre y gracias por tu luz. "Me gusta pensar que la luna está ahí, incluso cuando no la miro, incluso cuando no la veo".

quedé
     
     
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