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  En prosa y verso  
     
     
  Isabel Contreras F. es colaboradora de la Revista El Afa. En todos sus escritos, se percibe una sensibilidad llevada
de la experiencia de lo que ha vivido en aquellos instantes. No practica, normalmente, el relato de ficción sino las sensaciones y percepciones vividas. Sorbeña de nacimiento.
 
     
     
 
Recuerdos   Isabel Contreras Fernández


Mi niña pequeña, decía ella a las personas que quería; te acurrucaba entre sus brazos, en ellos te sentías cobijada y si tú te dejabas, te comías a besos, te acariciaba. Cuando su madre estaba mala le decía: “yo te curo con mis manos” y se ponía  un poco de saliva y realmente curaba porque eran unas manos sabias. Su mente tan sana, su alma tan blanca que, aunque se llamaba Milagros era inmaculada. "Mi niña pequeña" me llamaba, a mis hijas las llamaba hermanas; les acariciaba el pelo con tanta dulzura que nunca terminaba y las cogía entre su "alda" y sus brazos, y las estrujaba, y ellas sabiendo como ella lo deseaba, la dejaban y en recompensa les llamaba mi niña pequeña.

... y se marchó y a su barco le llamó libertad y en el cielo descubrió gaviotas...


 
     
 
El nido   Isabel Contreras Fernández



Llegas al campo, todo es paz y armonía pero sobretodo silencio al atardecer, en el mes de Julio, tan lento, tan fresco. Después de varias tardes viendo revolotear las golondrinas, me doy cuenta que aquí en el propio patio de la casa, una golondrina vio el lugar idóneo para formar su nido. Es sólido, está perfectamente construido. De pronto un día, oigo un piar desesperado y asomadas al nido tres bocas con el pico amarillo y mas grandes que su propio cuerpo .Piden insistentemente comida. Después de que una golondrina (que debe ser el padre) diese varios viajes para vigilar que no hay peligro, llega la madre y da de comer a sus polluelos, primero uno luego a otro y así sacia a esos polluelillos que parecen no tener hartura. Estuvieron dos días esos tres “individuos” piando, comiendo…… hasta que asomó una cuarta cabecilla mas pequeña que también luchaba por comer, estaba en su derecho y aunque había llegado un poco mas tarde, formaba parte de esa familia, formaba parte del nido, ese nido que tan sólido había construido su madre también para él. Pero sus hermanos ya eran mas fuertes, llevaban dos días que toda la comida era para ellos, que el espacio del nido era para ellos y en una diabólica trama, una tarde decidieron echarle del nido. El estaba allí tirado en el suelo, sin plumas, con su pico amarillo, sin aliento. Una mano amiga lo cogió,  lo metió de nuevo en el nido y la madre se alegró. Lo veía tan pequeño que le dio de nuevo de comer y le mimó. Los hermanos, por un día se sintieron culpables pero al día siguiente su ansia por ser fuertes les llevó a echarlo nuevamente del nido.

En ese nido, que la madre hizo con tanto amor y tanto esfuerzo, no hay lugar para los débiles. El polluelo hermano ya no quería vivir, su cuerpo yacía en el suelo, parecía nada, sentía nada, se sintió tan abandonado que dejó volar su aliento, dejó de respirar. Y esa golondrina madre que tanto ha viajado, que tantos mares ha cruzado, que ha sobrevolado bosques y montañas, pueblos y ciudades, vio en su propio nido reflejada la ambición del mundo, ese mundo del cual ella también forma parte  y que a veces es tan solidario y a veces tan cruel.

 

 
     
 


En el Arrecife de Las Sirenas     Isabel Contreras Fernández

 

 

Yo aquí sentada en los raíles, por donde los barcos se hacen a la mar. Estoy acurrucada y parezco una de las muchas piedras que componen este maravilloso entorno del Arrecife de Las Sirenas (Rafa hace fotos). Ellas, las sirenas, siempre están ahí y aunque no les hablo , intuyen mi inquietud. Una gaviota vuela alto; es tarde y debe andar perdida, su vuelo es acelerado y con su graznido ensordecedor, se solidariza conmigo, se calma.  Que grande es el mar !, ¿como se sentirá un chanquete perdido en el océano?.Ya estaba aquí sentada cuando aún el sol daba sus últimos reflejos, el agua aún era azul, ahora ha tomado un color plata precioso, y el cielo poco a poco se inunda de estrellas. Según los científicos, hoy, la luna saldrá de forma especial y realmente a las 22,30 la noche se trueca en mediodía. Siento en mi cara la caricia de la luna como un sueño de oro y al encuentro de su luz con las sirenas,  el cielo se deshace en fuegos artificiales, alumbran con sus destellos a náufragos y peregrinos  por esos  "mundos de Dios".

Yo, que sigo aquí sentada, decido dejar la cabalgadura, renunciar al viaje por páramos desolados y dejo volar mi imaginación con alas de luz. No hay sitio para la soledad en el mundo donde yo vivo, formo parte de un todo que sin mí no estaría completo. ¿Para qué la grandeza del mar? ¿para qué la suntuosidad de las sirenas? ¿que motivo tendría la luna para salir o las estrellas para brillar, si yo no estoy, o tú o ellos?. 

Debo de reconocer que, éste, el arrecife de Las Sirenas, es uno de los lugares más relajantes que hay. Un lugar donde aprecias lo "pequeño" que somos en el universo. Quizás uno de los rincones almerienses más fotografiados, a cualquier hora del día.  Un lugar  increíble que, nosotros lo llamamos "nuestro arrecife", como otros cientos de almerienses.

Isabel Contreras Fernández  -  Julio 2020

 

 
     
     
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