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            El cerro de la Cruz      
         
       La Mela se encuentra resguardada, por el norte y el sur por los cerros Mandrés y el de La Cruz. Anteriormente, queremos creer,  que el cerro de La Cruz no tenía nombre. Hay que esperar a los años
1955 - 1960, cuando un Misionero de nombre Jesús, llegó a La Mela en aquellos tiempos en que las "misiones" no sólo eran para "el tercer mundo", sino para todo el territorio español.
Basándome en la "bibliografía de los recuerdos" que permanecen en las mentes de los "meleros", el
Padre Jesús, era un hombre amable, simpático... "mu buena persona", siempre acompañado del Padre Ángel. Ambos estuvieron viviendo un corto tiempo en la Escuela y alimentándose de la comida que,
cada día, le hacían, turnándose, los vecinos de La Mela.
Ellos, los misioneros,  fueron los que decidieron colocar una cruz en lo alto del cerro, como parte de
las actividades diarias que llevaban a cabo.
Así, un día, rodeando la era de "los cortijos de allí arriba" y acompañados de todos los chiquillos
de La Mela y de algún que otro vecino, subieron al cerro a colocar la cruz. Ésta, me comenta un
vecino, la hicieron con los travesaños de un "catre" (cama sencilla de armazón ligero).
Un día alegre, festivo, religioso, que permanece vivo en los recuerdos de "los meleros", tanto que,
sin pensar mucho, algunas vecinas entonan una de las canciones que, por aquel entonces, se cantaban, añadiendo una coplilla de agradecimiento al Padre Jesús:

Padre misionero
no se vaya usted,
que chicos y grandes,
lloran por usted.

El tiempo pasa inexorable por todo y por todos. Hace pocos años, ocho  o nueve, la cruz se quedó sin travesaño. Se decidió hacer otra para que permaneciera otros sesenta años más, pero esta vez de aluminio, que pueden contemplar si pasan por esta barriada.


  INDICE de Relatos
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Décimo de loteria dedicado a Sorbas

De la abuela a Dani Pedrosa

El primer Ford de Sorbas
 
       Fotografías y texto:  Rafael F. Peinado 
     Marzo - 2020
     
         
       
         
         
       El Guiñapero      
         
  En barriadas como La La Mela y en las décadas de los años 50-60 y quizás las de los 70, los acontecimientos
eran muy infrecuentes, es por eso que la llegada del Guiñapero, daba un aire festivo a toda la barriada y de
forma muy peculiar a los chiquillos que se apiñaban en torno a él. Algunos se dirigian a sus madres con la
petición de: "mamá, dale algo", "mamá ¿que tienes por ahí?".
No había dinero por medio. El truque o trapicheo, era lo que hacía conseguir aquello que querían los niños, sin
más valor que el que provoca la ilusión, la alegría, la sonrisa de un niño.
Una sartén agujereada, un vestido muy usado, algo de ínfimo valor, podía ser recompensado por algo que hacía que la ilusión no tuviera fín: un globo, un molinico de papel...
Ya lo decía Manuel del Águila en su libro "Almería del recuerdo" (*) en "Sin los tristes biombos":

Fíjate, fíjate que fantasía:
por pellejos de conejo;
por unos zapatos viejos
y por botellas vacías;
por trapos sucios y rotos...

... ¡ te dan sangre, oro y cielo
por lo que no te servía ¡.

(*) Manuel del Águila  Almería del recuerdo. Diciembre-1974  EditorialCajal.
     
         
       Fotografía: Autor desconocido    Texto: Rafael F. Peinado
     Junio - 2020
     
         
       
         
         
       "Llevar las castañas"       
         
    Desde que el tiempo es tiempo;  todo mozo fontero (El Fonte), que se preciara tenía que "llevar las castañas"
a la novia, el día de los Santos.
Si tenía novia formal, llevar las castañas era una obligación; un acto en el que estaban implicados tantos los
novios como ambas familias. Y como todo rito ancestral el ceremonial de las castañas estaba estrictamente
regulado por unas leyes no escritas pero de obligado cumplimiento para toda la comunidad. Era un ritual en
el que la actuación de cada uno de los protagonistas era observado y valorado minuciosamente por cada uno
de los implicados. "Llevar las castañas" suponía obsequiar a la novia; pero en realidad era un acto social
más complejo. Era el momento de reforzar compromisos, de aclarar situaciones, de observar detalles y
actitudes sobre el carácter y la personalidad de cada actor con el fin de de augurar sobre conveniencia y
viabilidad de aquel noviazgo.
Puestos de acuerdo los novios, conforme las dos familias, ataviados para la ocasión, con un talego de castañas
bajo el mantón y la botella de aguardiente en el bolsillo de la chaqueta, los padres del novio iban a la casa
de la novia.
Ya en la casa, todo estaba preparado para la ocasión: los manteles limpios, el pan de higo recien hecho y el
mosto sobre la mesa.
Agasajos, sonrisas, copas de anís y mosto, felicitaciones y despedida.
Pero si la novia era de "tapadillo", o si aún no se lo había dicho, era una buena ocasión para tantear el terreno, hablar con los padres o para echarle valor y declararse. En estos casos los padres no estaban implicados.
En realidad era el primer test de aquellas relaciones: la familia estaba en casa, una buena lumbre de palos,
la botella de anís en la mesa, una fuente de "palomitas" (o rosas) con miel... y hablar de la sementera
eran signos inequívocos de bienvenida, de beneplácito sobre el futuro compromiso.
     
         
     Fotografía:  Autor desconocido   Texto: Juan Contreras Fernández
   Marzo - 2003
     
         
       
         
         
       La primera radio en La Mela       
         
  Entre los años 1950-1960, otro acontecimiento de singular relevancia, acontece en La Mela para regocijo de
sus habitantes: llega a La Mela la primera radio, de manos de Cristobal Galera.
Aquello daba ocasión para reuniones de mayores y pequeños en "el callejón" donde Cristobal colocaba la
radio, algunas tardes, para escuchar la sección de "discos dedicados"... "para Dolores en el día de su santo,
de sus hijos y marido con mucho cariño..." y a continuación se oía la voz de Estrellita Castro o de Juanito
Valderrama o de Antonio Molina o... Otras ocasiones era para oir las noticias desde Radio Andorra, la Pirenaica.
¡¡¡ Madre mía ¡¡¡, lo que decían en aquella emisora de España: "huelgas de trabajadores, intentos de
manifestación en alguna ciudad española...".
En definitiva, unas tardes de entretenimiento, que en ocasiones, en muchas ocasiones, interesaba más lo que ocurría en La Mela que lo que se escuchaba por la radio pero, que mundo más pequeño, lo que se escuchó una tarde fué para recogerlo en la historia de "los meleros".
Fue con los discos dedicados: "Se lo dedicamos a Juanita de Los Roques, para que salga bien de la
operación". ¿Juanita de Los Roques?, ¡¡¡ si es de La Mela.¡¡¡. Asombro, confusión... alegría. En aquella ocasión
se escuchó y se bailó la canción que sonó. Fue tanta la alegría que Cristobal García, un vecino de La Mela, les
prometió a los niños que si Juanita salía bien de la operación, los llevaría a la fiesta de Cariatiz, en honor de
San Ramón. Y así fue, los chiquillos de La Mela, fueron a la fiesta acompañados de sus padres, andando como
era costumbre.
Sesenta años después, los vecinos de La Mela, aun lo recuerdan y así me lo cuentan. La historia de La Mela
en el "boca a boca", e historia no escrita.
     
         
        Fotografía :Rafel F. Peinado  y fotografía de la familia García López   Texto Isabel Contreras      
        Abril 2020       
         
           
Casa de Cristobal Galera junto al Callejón y Cristobal García junto a las niñas que fueron a la fiesta de Cariatiz
     
         
         
       El teléfono en Sorbas y en La Mela       
         
  Eran los años 1980-81 cuando en La Mela y otras barriadas, tuvimos teléfono público, a los "móviles" todavía
les quedaban unos años para estar en nuestras vidas. Lo normal es que estuviera en un domicilio o tienda de la barriada. En nuestro caso, íbamos a la tienda de Anica de Herminia y Alejandro a pedirle "línea" para hablar
con nuestros familiares o amigos, Anica le daba a una palanca y el "aparato" se ponía a nuestra disposición
y a contar los minutos de llamada, para luego pagar lo que habíamos consumido. Hasta aquí, todo era normal.
Hablando con Anica de Herminia, nos contó algunas de las anécdotas que le ocurrieron. Por ejemplo: recibir una
llamada de "auxilio" para que alguien fuera a recogerlos, después de una fiesta porque el coche no les arrancaba.
Normal, pero a las cuatro de la madrugada y por avería del coche, cuando no estaban en condiciones de
conducir ninguno de los ocupantes?. Anica nos aclaraba el enfado: "Es verdad que tenía que atender la llamada
porque para eso me había comprometido, pero como no era la primera vez que esto ocurría, por fiestas,
bebidas, etc, les dije que la próxima vez, esa llamada que había recibido les costaría 200 pesetas." Parece que hizo efecto, porque no recibió ninguna llamada más.
     
         
        Texto: Rafael F. Peinado       
        Junio 2020       
         
                
         
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